SI nos dieran un euro por cada vez que hemos afirmado que no ha hecho
invierno de verdad, de los de antes, la renta per capita de los segovianos alcanzaría la de los monegascos más adinerados. Ha sido, sin duda, el comentario triunfador en cafeterías y ascensores, muy por encima de otros clásicos de estación o temporada, como los alimentos.
Reparta frío o regale tibieza, después del invierno hasta ahora siempre ha llegado la primavera y con ella, en Segovia, aterrizan los títeres. O se desperezan, porque a veces sospecho que nunca se van, sino que hibernan en este trozo de meseta hasta que toca el turno de subirse a los escenarios.
Pasan entonces de ser animales de sangre fría a criaturas incandescentes, de la inactividad reparadora al frenético dinamismo. Los invertebrados se vertebran y los cuadrúpedos se yerguen como en los clásicos sueños infantiles. Es imposible imaginar inanimados a quienes has visto con tanta diligencia.
Estamos pues en la antesala de Titirimundi, una de las mejores cestas de cuantas nos enseña la noria cada año en su movimiento circular. En algún lugar de la ciudad, seguro, las marionetas han comenzado a realizar ejercicios de estiramiento para facilitar su ductilidad y los guiñoles a practicar la condescendencia….(Leer más)
Fuente: http://www.nortecastilla.es/